Cultura de pensamiento crítico

Emocionada con el vídeo de Ron Berger he decidido comenzar a implementar en el aula técnicas de coevaluación y autoevaluación que nos ayuden a crear una cultura de pensamiento crítico y de retroalimentación formativa que nos permita crecer y enriquecernos mutuamente buscando siempre mejorar y sentirnos satisfechos con nosotros mismos.

Para comenzar utilicé la misma idea de Ron: les conté la historia de un niño de 6 años que estaba en primero de Primaria y que estaba estudiando las plantas (todo igual que ellos). Este niño debía dibujar una planta, concretamente una tomatera, pero no debía dibujarla como se la imaginaba en su cabeza, sino que debía observarla con sus ojos de científico y a partir de ahí dibujarla. Conforme hacía su boceto, se lo enseñaba a sus compañeros de grupo, los cuales ejercían de críticos y le indicaban qué aspectos concretos podía mejorar. Sus compañeros no le decían en ningún momento que lo que había hecho estaba mal, puesto que no se admiten en su clase comentarios que hagan sentir mal a nadie, tan sólo le ayudaban a mejorar desde el cariño y el respeto. Al igual que en el vídeo de Ron, nuestros niños y niñas de primero se emocionaron al ver la obra del protagonista de la historia terminada y se sintieron motivados para hacerla ellos mismos.

A continuación tenéis la historia con más detalle y el proceso que seguimos en clase.

El proceso y nuestras obras:

La historia de La tomatera de Paco

Finalmente, al preguntarles cómo se sentían ante lo que habían hecho y si se sentían contentos y satisfechos con su trabajo, cada uno de ellos dijo que sí con una amplia sonrisa en la que se veía felicidad y orgullo.

La siguiente actividad consistió en una dibujo al aire libre en el parque Abelardo. Allí cada uno eligió su planta y se sentó a dibujarla con detalle. En esta ocasión debían ser ellos los críticos con ellos mismos, buscando que su dibujo científico reflejara realmente aquello que estaban viendo.

 

 

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